Como cada tarde después del gimnasio me encontraba desnudo ante ella. Me encantaba, porque la primera vez que la conocí me impresionó el que tuviera los ojos de distinto color. El derecho, celeste y cristalino, transmitía una necesidad de comunicarse y me daba una confianza que el izquierdo me arrebataba. Este otro ojo, de color azabache, era lo que más me atraía, pues pese a no ver nada en él era la ventana hacia su mundo.

Ella siempre se mostraba indiferente ante mi presencia, pese a saber exactamente qué hacía allí y porqué venía a verla. Comencé a acercarme suavemente hacia ella, contoneándome de izquierda a derecha y viceversa, sin dejar en ningún momento de mirarla a los ojos. Sabía que lo que estaba haciendo iba contra toda ética, pero, aun sin tener ninguna presión sobre mi cabeza, todo lo que deseaba en este momento era penetrarla.

Los que no la conocían hablaban de ella como un algo vacío que solo se llenaba en ocasiones especiales cuando tenía algo muy grande que contar. Intuían un interior desconocido y que ansiaban descubrir, pero sólo los más atrevidos cruzaban en umbral y establecían una conversación con ella.

Los que ya la sentíamos como algo más cotidiano disfrutábamos de ella en cualquier momento y no nos disgustaba ese primer guiño que nos brindaba cada día como si fuese la primera vez. El hecho de entrar en su círculo de confianza te daba la oportunidad de poder verla en la intimidad sin nada que se interpusiera entre tu vista y sus zonas más íntimas. Al principio, a la gente nueva eso le incomodaba, pero tenía un punto muy excitante y que nos hacía fantasea en recorrerla de abajo a arriba.

El estar frente a ella me excitaba, pero sabía que a ella le gustaba que se hiciesen las cosas poco a poco, así que intenté que nuestro encuentro durara lo máximo posible. Siempre me introducía por sus partes más bajas e íntimas, y subía atravesando sus mejores galas, que aunque exhibiera para todos sólo yo podía ver las de dentro.

Llegados al clímax me apetecía relajarme con ella, leer un libro o incluso empezar a trabajar en mi proyecto. Toda ella se concentraba en mí mientras que yo trabaja. Siempre me acompañaba en mis largas noches de trabajo y llegado cierto punto, me elevaba hasta el más profundo sueño.

En ocasiones especiales se vestía de rojo y nos invitaba a ver sus videos o sus obras de teatro y casi siempre acabábamos en su propia fiesta, donde yo era el protagonista. Me encantaba ser el centro de atención al estar ella abrazándome por detrás mientras que yo preparo la cena al resto de invitados.

Me encantaba vivir en ella.

Esquema


Axonometría de lo Invisible

Maqueta

Usos

Planos

Anuncios