Edificio para la Wiener Sezession, 1898-1899, Joseph Olbrich

Este edifico fue diseñado por Joseph Maria Olbrich en 1897 como manifiesto del movimiento de la Secession y sala de exposiciones, fue abierto al público en octubre de 1898. La Secesión vienesa formó parte del muy variado movimiento modernista.

Nuestra naturaleza es el existencialismo

El concepto de existencialismo, se enmarca en la definición de movimiento filosófico que se basa en la búsqueda del significado, la esencia de la vida del ser humano como entidad individual. Sus fundamentos son la libertad, la temporalidad y la existencia del ser en el mundo.

Este concepto influye sobre la crítica arquitectónica. Desde una visón iconográfica, viendo la arquitectura como una obra de arte. Desde la recuperación del sentido de la historia, siendo la arquitectura un fenómeno y una experiencia, que busca la recuperación del valor histórico y la tradición con una interpretación formalista, dentro de la capacidad creativa del artista y la relación del arte con la sociedad, así como, un espacio existencial, en donde el pasado de la arquitectura en el contexto de la revisión y la crisis, engloba la arquitectura moderna.

Nosotros creamos una moda, no una tendencia.

La Sezession. Para Schorske, esta revuelta estética. No hay que entenderla como una sublevación de artistas marginados, sino como conflicto generacional: una revuelta de Edipo, de los hijos contra los padres y su tradición. El lema del movimiento era “A cada tiempo su arte, a cada arte su libertad”.

La cultura mod es la cultura de lo no común

En la Secesión, a diferencia del coetáneo Art Nouveau, aunque se busca la elegancia predomina la sobriedad formal e incluso cierta severidad, sólo transferida por un expresionismo, cuya ruptura incluye a la Secesión dentro del vanguardismo.

La customización es la identificación individual dentro de una identidad colectiva y Lo corriente alimenta lo extravagante

El edificio entero está decorado con guirnaldas de laurel doradas, motivos florales y plantas a lo largo de las paredes del edificio. Aunque lo más llamativo es el árbol situado en la puerta principal totalmente realizado de oro. Estos detalles contrastan sorprendentemente con la simple fachada.

La superioridad reside en la exhibición del objeto exclusivo

El rasgo destacado del diseño del edificio es el diseño de la cúpula, realizado con 3000 hojas doradas de laurel. El laurel simboliza victoria, dignidad y pureza.

Además, en el interior se expone “El Friso de Beethoven” pintado por Gustav Klimt, en 1902 con fines decorativos. Este friso cubre tres muros y tiene 34 metros de longitud, donde se exponen escenas de la Novena Sinfonía.

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